
Como toda-os sabemos en muchos países lo habitual es que los niños y niñas menores permanezcan con su madre y el padre tenga un convenio de pensión de alimentos y visitas más o menos amplio.
Esto suele generar una distribución desventajosa del tiempo -cuantitativa y cualitativa- para las madres, quienes continuamente se quejan de que ellas son las que llevan la peor parte por quedar recargadas en su rol, haciendo en la práctica de padre y madre, cumpliendo horarios extenuantes entre su trabajo fuera y dentro del hogar.
Mientras tanto, el padre físicamente ausente de la cotidianidad, se queja de que no participa del crecimiento y la educación de sus hijos, pasando a cumplir únicamente el papel de proveedor de pensión y haciendo casi una función de “tío”, sacando a los niños a pasear los fines de semana, cubriéndolos de regalos o comportándose permisivamente “porque es tan poco el tiempo que estoy con ellos que no voy a estar regañándolos”.
Esto en el mejor de los casos; en los peores los padres utilizan otros mecanismos para “comprarse” la preferencia del hijo o hija, inconscientemente o no, fomentando una coalición en contra de la madre, que puede hacer del niño un manipulador de las situaciones en su supuesto “beneficio”.
Sin siquiera mencionar el tema de las mil formas de violencia solapada en contra de la mujer que se ponen en marcha con el manejo de las pensiones de alimentos, y que más o menos todos y todas conocemos.
Doy este solo ejemplo porque éste es un tema extenso con muchas puntas, y mi intención es hacer otro tipo de análisis más profundo, que no pase solamente por lo que se ve en lo manifiesto, en los hechos cotidianos, ni tampoco entraré en los beneficios y perjuicios para los niños.
Mientras tanto, el padre físicamente ausente de la cotidianidad, se queja de que no participa del crecimiento y la educación de sus hijos, pasando a cumplir únicamente el papel de proveedor de pensión y haciendo casi una función de “tío”, sacando a los niños a pasear los fines de semana, cubriéndolos de regalos o comportándose permisivamente “porque es tan poco el tiempo que estoy con ellos que no voy a estar regañándolos”.
Esto en el mejor de los casos; en los peores los padres utilizan otros mecanismos para “comprarse” la preferencia del hijo o hija, inconscientemente o no, fomentando una coalición en contra de la madre, que puede hacer del niño un manipulador de las situaciones en su supuesto “beneficio”.
Sin siquiera mencionar el tema de las mil formas de violencia solapada en contra de la mujer que se ponen en marcha con el manejo de las pensiones de alimentos, y que más o menos todos y todas conocemos.
Doy este solo ejemplo porque éste es un tema extenso con muchas puntas, y mi intención es hacer otro tipo de análisis más profundo, que no pase solamente por lo que se ve en lo manifiesto, en los hechos cotidianos, ni tampoco entraré en los beneficios y perjuicios para los niños.
Pretendo mostrar -o quizás insinuar- que hay algo más debajo de la punta del iceberg de lo cual las personas no somos conscientes, a fuerza de haber sido condicionadas.
Quiero dejar antes en claro que creo que sería la situación ideal que madres y padres compartieran el cuidado de sus hijos e hijas durante la convivencia y eventualmente después de una separación.
Quiero dejar antes en claro que creo que sería la situación ideal que madres y padres compartieran el cuidado de sus hijos e hijas durante la convivencia y eventualmente después de una separación.
La que se separa, de hecho, es la pareja conyugal, no la pareja parental. Y se divorcian los cónyuges entre sí, no de sus hijos. Además, tanto mujeres como hombres están capacitados para cumplir rol “materno” o “paterno” indistintamente.
La ideología dominante
Hasta aquí todo hace pensar que lo ideal sería entonces de la custodia compartida. Sólo que hay un pequeño detalle que se nos olvida en este razonamiento, y que es de lo quiero ocuparme: no vivimos en un mundo ideal en el cual mujeres y hombres hayamos sido educados como personas completas, con todas nuestras potencialidades, integrando los aspectos femeninos y masculinos de nuestra personalidad.
Por el contrario, hemos sido construidos socialmente como hombres y mujeres de esta cultura, en la cual son reprimidas determinadas características y propiciadas otras, según lo esperado para cada sexo. Pocas personas tienen conciencia de ello y menor cantidad aún lo cuestiona y/o lo cambia.
Vivimos en un mundo en el que la realidad es que todas y todos somos educados (¿o debería decir deformados?) por la ideología patriarcal. ¿Y qué es el mentado patriarcado? El tema fue introducido en el siglo pasado por Johan Jakob Bachofen, fislósofo suizo.
Me gustaría citar algunas definiciones del término para que usted tenga sus propios elementos de reflexión. Dice el sociólogo Josep Vicent Marqués : “Existe (en la sociedad) un conjunto estructurado de prácticas sociales y de representaciones ideológicas que podemos denominar con el nombre tradicional de patriarcado o sistema de dominación masculino”.
Dice la psicóloga e historiadora Victoria Sau del patriarcado : “Es una toma de poder histórica por parte de los hombres sobre las mujeres cuyo agente ocasional fue el orden biológico, si bien elevado éste a la categoría política y económica. Dicha toma de poder pasa forzosamente por el sometimiento de la mujer a la maternidad, la represión de la sexualidad femenina, y la apropiación de la fuerza de trabajo total del grupo dominado, del cual su primer pero no único producto son los hijos”.
Hijas e hijos del patriarcado
La ideología dominante
Hasta aquí todo hace pensar que lo ideal sería entonces de la custodia compartida. Sólo que hay un pequeño detalle que se nos olvida en este razonamiento, y que es de lo quiero ocuparme: no vivimos en un mundo ideal en el cual mujeres y hombres hayamos sido educados como personas completas, con todas nuestras potencialidades, integrando los aspectos femeninos y masculinos de nuestra personalidad.
Por el contrario, hemos sido construidos socialmente como hombres y mujeres de esta cultura, en la cual son reprimidas determinadas características y propiciadas otras, según lo esperado para cada sexo. Pocas personas tienen conciencia de ello y menor cantidad aún lo cuestiona y/o lo cambia.
Vivimos en un mundo en el que la realidad es que todas y todos somos educados (¿o debería decir deformados?) por la ideología patriarcal. ¿Y qué es el mentado patriarcado? El tema fue introducido en el siglo pasado por Johan Jakob Bachofen, fislósofo suizo.
Me gustaría citar algunas definiciones del término para que usted tenga sus propios elementos de reflexión. Dice el sociólogo Josep Vicent Marqués : “Existe (en la sociedad) un conjunto estructurado de prácticas sociales y de representaciones ideológicas que podemos denominar con el nombre tradicional de patriarcado o sistema de dominación masculino”.
Dice la psicóloga e historiadora Victoria Sau del patriarcado : “Es una toma de poder histórica por parte de los hombres sobre las mujeres cuyo agente ocasional fue el orden biológico, si bien elevado éste a la categoría política y económica. Dicha toma de poder pasa forzosamente por el sometimiento de la mujer a la maternidad, la represión de la sexualidad femenina, y la apropiación de la fuerza de trabajo total del grupo dominado, del cual su primer pero no único producto son los hijos”.
Hijas e hijos del patriarcado
Aún me impacta cada vez que leo esa definición. Creo que en pocos momentos las mujeres tienen real conciencia de que sus hijos e hijas a quienes gestan, paren con dolor, amamantan, crían, educan, socializan y muchas veces mantienen solas, no son sus hijos e hijas. Y ciertamente no lo estoy diciendo en el tono poético con que Khalil Gibran dijo que se pertenecían a sí mismos. Me estoy refiriendo a que pertenecen a la “institución de la paternidad”.
¿Le resultan familiares estos ejemplos? :
- llevan el apellido paterno
- se dice que una mujer le “da” equis cantidad de hijos a su pareja - una mujer tiene una hija tras otra hasta que llega el ansiado hijo varón que la “dignifique” como madre (aunque luego ese mismo hijo la desvalorice por su sola condición de mujer y la tenga de criada sin paga, usufructuando de su derecho de varón).
La paternidad como institución defiende el derecho de los padres, decide la clase de educación que recibirán los hijos e hijas, su forma de interpretar el mundo y su manera de asumir las funciones según el sexo, para que sigan perpetuando generación tras generación esta ideología, sin criticarla y mucho menos desobedecerla. El Estado y la religión encarnan la paternidad a nivel simbólico.
El mayor peligro del poder patriarcal es que se ha hecho invisible y ni las propias mujeres toman conciencia de él, porque se lo ha decretado “natural”. En cuanto a los hombres, también salen perjudicados por esta ideología, pero la mayoría aún no desea renunciar a los privilegios que el sistema les otorga.
Algunos que han comenzado a cuestionarse, se sienten confundidos ante el cambio y las demandas femeninas, sin tomar conciencia de que ellos también salen beneficiados con las transformaciones.
No profundizar la desigualdad
Volviendo al tema central, ¿cómo influye el hecho de la la custodia compartida se proponga dentro de un marco cultural patriarcal?
Mi temor es que se podría estar promoviendo aún más el poder masculino sobre los hijos, en detrimento de la autoridad materna (que de hecho “desaparece” en presencia de la paterna).
Supuestamente, la custodia compartida proporcionaría iguales condiciones a la madre y al padre para criar a sus hijos. Sólo quiero en este punto recordar que la verdadera justicia no es la igualdad lisa y llana, sino el trato desigual a situaciones desiguales.
Si se diera igualdad de condiciones legales en este tema a mujeres y hombres, quienes, como se ha analizado , no son aún “iguales” socialmente en el relativo a oportunidades y poder, se podría aumentar la desigualdad ya existente.
Que no se confunda este concepto. La solución no radica en actitudes paternalistas hacia la mujer desde una posición de superioridad: eso es ayudar a quien previamente se ha puesto en condiciones tales que luego se vio en la necesidad de pedir ayuda. Esta actitud sólo mantendría el statu quo.
El cambio real pasa por el reconocimiento, tanto de lo que pueda haber de diferente entre los individuos de uno y otro sexo, como desde la igualdad en derechos y dignidad humana.
Que no se confunda este concepto. La solución no radica en actitudes paternalistas hacia la mujer desde una posición de superioridad: eso es ayudar a quien previamente se ha puesto en condiciones tales que luego se vio en la necesidad de pedir ayuda. Esta actitud sólo mantendría el statu quo.
El cambio real pasa por el reconocimiento, tanto de lo que pueda haber de diferente entre los individuos de uno y otro sexo, como desde la igualdad en derechos y dignidad humana.
Sin un sistema de dominación de parte de ninguno, sino entendiendo el poder como potencia, como capacidad de pensar y actuar sin que ese poder se utilice para forzar a otras personas. El amor es poder con, no poder sobre otras personas.
En busca de la armonía
En cuanto a la custodia compartida, personalmente creo que en la práctica, aquí y ahora, no existe una solución perfecta para ninguno de los implicados, sino que cada solución conlleva beneficios y perjuicios y cada caso necesita de un estudio particular.
En busca de la armonía
En cuanto a la custodia compartida, personalmente creo que en la práctica, aquí y ahora, no existe una solución perfecta para ninguno de los implicados, sino que cada solución conlleva beneficios y perjuicios y cada caso necesita de un estudio particular.
Yo no sé cuál será la solución conveniente para usted. Aquí sólo intenté proporcionarle un poco de información para que ampliara su visión y no se deslumbrara con medias verdades. Sólo la o lo previne para ponerlo a pensar con sentido crítico. Usted puede decidir por sí misma-o lo que es mejor para su vida, y es la única persona que tiene derecho hacerlo. No me ceda a mí ese derecho, no se lo ceda a nadie.
En todo caso, ábrase a la incertidumbre de los cambios que puede ser muy fecunda si trabajamos con ella para enriquecer su significación y su función en nuestra vida.
En todo caso, ábrase a la incertidumbre de los cambios que puede ser muy fecunda si trabajamos con ella para enriquecer su significación y su función en nuestra vida.
Estamos en el proceso de re-definirnos en nuestra identidad como hombres y mujeres de esta época , en un momento en que aún encarnamos valores culturales ancestrales y buscamos los nuevos simultáneamente. Debemos recrearnos a nosotros-as mismas como personas integrales.
Mujeres y hombres, hombres y mujeres, tendremos que encontrar la forma de convivir en armonía.
Mujeres y hombres, hombres y mujeres, tendremos que encontrar la forma de convivir en armonía.
La batalla de los sexos, hay que dejarla atrás.
Bibliografía:
Gibran, K. El profeta.
Marqués, J. La construcción social del varón.
Sau, V. Diccionario Ideológico feminista.
Publicado en el Diario La República (de las Mujeres) de Uruguay el 10.12.1995.
Dibujo de la web http://www.divorcioexpressweb.com/
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